Es como un mapa que orienta el trabajo de la Iglesia para que sea más confiable, consistente y alineado con buenas práctica; en otras palabras La norma G-360-05; es una guía clave que, vista desde la experiencia técnica, aporta orden y coherencia a los procesos donde se aplica, ayudando a que las decisiones no dependan sólo del criterio individual sino de parámetros claros y verificables. Su mayor valor está en que traduce conceptos técnicos a lineamientos prácticos, lo que facilita que distintos profesionales, hermanos de la Iglesia trabajen con un mismo estándar y reduzcan errores o interpretaciones ambiguas. Además, promueve la calidad y la seguridad, ya que obliga a considerar aspectos que a veces se pasan por alto cuando no hay una regulación bien definida.
