1. Claridad en la Gobernanza
Órgano Rector: El Consejo Eclesiástico debe ser reconocido como el máximo ente de decisión, bajo la dirección del Pastor Principal.
Roles definidos: Cada iglesia hija debe tener un Pastor Local certificado y un Comité de Gestión que rinda cuentas al Consejo.
Certificación: Todo líder debe cumplir con las Normas G-360 antes de ejercer funciones formales.
2. Procesos de Coordinación
Informe Estandarizado: Implementar un Formato Único de Reporte G-360-04 para que cada pastoral y ministerio entregue información completa y verificable.
Reuniones periódicas: Establecer un Calendario de Sesiones de Coordinación (mensuales o trimestrales) entre iglesias hijas y el Consejo.
Comisiones activas: Reactivar las Comisiones de Doctrina, Finanzas y Formación, asegurando que operen con reglamentos claros.
3. Resolución de Conflictos
Comité de Arbitraje Eclesial: Crear un órgano interno que medie en disputas entre ministerios, aplicando principios bíblicos y la Norma G-360-04.
Protocolos disciplinarios: Usar el Manual de Ética y Disciplina G-360 para corregir desviaciones sin romper la unidad.
Capacitación en liderazgo: Ofrecer talleres de Gobernanza Cristiana para que los líderes comprendan la importancia de la estructura jerárquica.
4. Transparencia y Unidad
Sistema de auditoría interna: Cada iglesia hija debe someter sus finanzas y proyectos a revisión por la Comisión de Finanzas del Consejo.
Plataforma digital de gestión: Implementar una herramienta centralizada donde se registren decisiones, informes y certificaciones.
Visión compartida: Todo ministerio debe firmar un Compromiso de Alineación con la Visión del Pastor Principal.
✅ Resultado esperado
Aplicando estos pasos, se logra:
Orden administrativo y doctrinal.
Transparencia en la gestión.
Unidad entre iglesias hijas y ministerios.
Respeto a la autoridad del Pastor Principal sin sofocar la autonomía operativa local.
