La Norma establece que la gobernanza de la iglesia debe desarrollarse de manera sistematizada, transparente y organizada, evitando la centralización de decisiones mediante la definición clara de roles, responsabilidades y rutas de reporte y seguimiento dentro del liderazgo.
En este marco, tenemos políticas que las iglesias que formen parte de un sistema de expansión deben contar con una estructura organizativa documentada que establezca los procesos de reporte, las responsabilidades doctrinales, los márgenes de autonomía administrativa, los mecanismos de supervisión y los criterios para la asignación o remoción de los equipos pastorales.
Asimismo, estos lineamientos deben ser conocidos y aplicados por todas las entidades participantes, mientras que la iglesia madre debe mantener un acompañamiento regular a la iglesia hija, garantizando que sus prácticas, decisiones y desarrollo ministerial permanezcan alineados con los principios, valores y objetivos generales establecidos.
