Creo que el desafío no está solo en las rutas, sino en cómo acompañamos a las personas durante el proceso. Según la Norma G-360-09, el crecimiento debe ser integral y acompañado, no solo formativo.
A veces los miembros se estancan porque se sienten solos o no entienden claramente el propósito de la siguiente etapa. Por eso pienso que lo más efectivo sería fortalecer el acompañamiento personal y espiritual: asignar mentores, dar seguimiento cercano y celebrar cada avance.
También sería bueno revisar los métodos y tiempos, para que la ruta no se sienta pesada, sino motivadora. Más que añadir sesiones, debemos conectar el proceso con la vida real de cada creyente, mostrando que el liderazgo es una extensión natural de su fe.
En resumen, el acompañamiento cercano y la motivación relacional pueden hacer que los miembros no solo avancen, sino que permanezcan con convicción en su crecimiento.
