Para desarrollar una propuesta de valor efectiva frente a los retos que enfrentamos (la falta de retención, la poca claridad sobre lo que nos hace únicos y las diferencias internas en el liderazgo) la Norma G-360-02 ofrece una guía muy clara.
Primero, debemos realizar el diagnóstico inicial que la norma recomienda: escuchar a los miembros, identificar necesidades y entender por qué algunos no permanecen. Esto nos da una base real para trabajar.
Luego, es esencial alinear misión, visión y valores, porque nuestro liderazgo tiene ideas divergentes y sin esa unificación no podremos comunicar una identidad coherente.
Con esa base, la norma nos lleva a definir el público objetivo para comprender a quién estamos llamados a servir y qué necesidades podemos atender de manera distintiva. Esto nos ayuda a descubrir nuestra verdadera diferenciación como iglesia.
A partir de ahí, se redacta una propuesta de valor honesta y clara, centrada en los beneficios espirituales, emocionales y comunitarios que realmente podemos ofrecer. Finalmente, debe comunicarse, integrarse en los ministerios y evaluarse continuamente.
En resumen, siguiendo la Norma G-360-02, una propuesta de valor efectiva surge de escuchar, alinear y definir con claridad quiénes somos y cómo servimos. Esto nos permitirá retener, diferenciarnos y trabajar unidos hacia una misma misión.
